reforma de la banca

El Confidencial

Después de abrir el debate impositivo proponiendo una verdadera revolución fiscal por primera vez en 30 años, el huracán Trump ha abierto otro melón: el sistema bancario

Apenas ha cumplido cien días al frente del Gobierno de Estados Unidos y Donald Trump no está dejando títere con cabeza. Lo mismo da la política exterior, la migratoria, la sanitaria o, por supuesto, la económica. Después de abrir el debate impositivo proponiendo una verdadera revolución que obligará al Congreso a abordar seriamente la reforma fiscal por primera vez en 30 años, el huracán Trump ha abierto otro melón: el sistema bancario.

No en vano, este fue el responsable de la peor crisis financiera desde la Gran Depresión y la necesidad de llevar a cabo una reforma en profundidad y sin complejos nunca ha dejado de planear sobre unas entidades que, después de una oleada de fusiones y adquisiciones que evitaran que otras tantas siguieran los pasos de Lehman Brothers en 2008, el problema que se encuentra el país es que ahora hay demasiados bancos "too big to fail".

Y es precisamente eso lo que alega Trump para justificar que su equipo está "estudiando activamente" obligar a la ruptura de los gigantes de Wall Street impulsando los esfuerzos por revivir una ley de los años 30 tras el crack de 1929 por la que las actividades de ahorro y consumo estaban claramente separadas de la banca de inversión. De hecho, aunque parece que ahora han saltado las alarmas tras afirmar en una entrevista en Bloomberg que está "estudiándolo ahora mismo. Hay personas que quieren volver al sistema antiguo, ¿no? Así que vamos a estudiarlo", lo cierto es que impulsar la Ley Glass-Steagall de 1933 era una de las medidas que ya llevaba en su programa electoral.

Apenas ha cumplido cien días al frente del Gobierno de Estados Unidos y Donald Trump no está dejando títere con cabeza. Lo mismo da la política exterior, la migratoria, la sanitaria o, por supuesto, la económica. Después de abrir el debate impositivo proponiendo una verdadera revolución que obligará al Congreso a abordar seriamente la reforma fiscal por primera vez en 30 años, el huracán Trump ha abierto otro melón: el sistema bancario.

No en vano, este fue el responsable de la peor crisis financiera desde la Gran Depresión y la necesidad de llevar a cabo una reforma en profundidad y sin complejos nunca ha dejado de planear sobre unas entidades que, después de una oleada de fusiones y adquisiciones que evitaran que otras tantas siguieran los pasos de Lehman Brothers en 2008, el problema que se encuentra el país es que ahora hay demasiados bancos "too big to fail".

Y es precisamente eso lo que alega Trump para justificar que su equipo está "estudiando activamente" obligar a la ruptura de los gigantes de Wall Street impulsando los esfuerzos por revivir una ley de los años 30 tras el crack de 1929 por la que las actividades de ahorro y consumo estaban claramente separadas de la banca de inversión. De hecho, aunque parece que ahora han saltado las alarmas tras afirmar en una entrevista en Bloomberg que está "estudiándolo ahora mismo. Hay personas que quieren volver al sistema antiguo, ¿no? Así que vamos a estudiarlo", lo cierto es que impulsar la Ley Glass-Steagall de 1933 era una de las medidas que ya llevaba en su programa electoral.
Más ingresos y menos provisiones: la banca de Wall Street dispara su beneficio en 2017
Juan Cruz Peña
Goldman Sachs ha ganado un 80% más; Morgan Stanley, un 70% más; Bank of America Merril Lynch, un 44% más, y JP Morgan y Citigroup, un 17% más en el primer trimestre de este año

De esta manera, se consigue, por un lado, proteger los intereses de los ciudadanos, en tanto que los bancos de depósitos, respaldados con dinero público y cuya función es dar crédito a empresas y consumidores, estén completamente separados de los bancos de inversión y aseguradoras que pueden comerciar con instrumentos financieros más complejos. De esta manera, el riesgo de que se produzca otro 'subprime', es decir, que las entidades coloquen productos de alto riesgo a clientes minoristas para obtener mayores ganancias se reduce considerablemente y, con ello, el peligro de otro estallido de una crisis financiera como la de 2007.

[Cronología de una crisis: del subprime a dos colosos en llamas]

Por otro lado, se reduce el tamaño de aquellos bancos considerados sistémicos, es decir, cuyo tamaño hace que su quiebra ocasione un tsunami económico y financiero tan potente que el Gobierno no puede permitirse dejarlos caer por lo que, en caso de colapso, debe rescatarlos con el dinero de los contribuyentes, concepto que en EEUU está muy interiorizado para referirse al dinero público.

Pero este nuevo golpe de efecto, que lleva el sello del más puro estilo Trump, no es una ocurrencia que se le haya pasado ahora al presidente de EEUU. Ya en 2016 el Partido Republicano respaldó la restauración de este cortafuegos legal que fue derogado en 1999 con la desregulación financiera de la presidencia de Bill Clinton. De hecho, no son pocos los legisladores que culpan a este último de contribuir al estallido de la crisis de 2008.

Ahora falta por ver si el Congreso está dispuesto en apoyar a Trump y resistir las presiones procedentes de Wall Street que, como no podía ser de otra manera, considera que esta medida es un atropello. De hecho, en los últimos años han arremetido contra aquellos políticos que se atrevían a plantear la posibilidad de reducir el tamaño de los grandes bancos para evitar que sean sistémicos. Y es que la ley Glass-Steagall no se puede restaurar unilateralmente y la cámara baja tendría que aprobar una nueva versión de la misma.

Con todo, el melón está ya abierto y funcionarios de Trump, entre los que se encuentran el secretario del Tesoso, Steven Mnuchin, el director del Consejo Económico Nacional, Gary Cohn, ambos ex-banqueros de Goldman Sachs Group, han ofrecido su apoyo al presidente para lograrlo.